domingo, mayo 31, 2009

De amaneceres

La cosa es tal que así: a las 5 de la mañana de este domingo nos hemos plantado en La Alcazaba de Almería. La idea era ver y sentir amanecer. Los amigos de La Alcazaba, la Asociación La Traiña y el Foro Ciudad han montado un pollo del copón. Yo no sé cuánta gente ha acudido, pero si no había más de quince millones de personas no había ninguna. La verdad es que ha sido una sorpresa mayúscula. Al principio, he accedido a ir a regañadientes y con legañas, pero después he deambulado en estado semicataléptico muros adentro. Pura magia. Nada igual desde que se inventó la chasquido nuclear de los petazetas. Cante, lecturas dramatizadas, comida, té imaginario, danzas hipnóticas, amanecer de otro tiempo y la psicofonía valentiana Perdimos las palabras a la orilla del mar. Esto último daba un poco de canguelo, la verdad, pero de eso se trataba, ¿no? Sinceramente, creo que ha sido uno de los actos más estremecedores y poéticos de cuantos he disfrutado en estos últimos tiempos. Así que el año que viene repetiré. Eso sí, una pregunta me horadaba el cerebro mientras hacía la peregrinación: ¿dónde se meterá toda esta gente el resto del año? En los recitales y presentaciones de libros ya te digo yo que no. Claro que, si yo fuera ellos, tampoco iría, qué coño.
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Foto 1: María José Gázquez / Foto 2: Juan Manuel Gil

lunes, mayo 25, 2009

Psicotécnico

Enrique Vila-Matas ha dicho en El País:

...es inteligente, elegante, simpático, cordial, de buenas maneras. Representa el sentido del trabajo bien hecho. En la generación de David Trueba hay gente así. Huyen del síndrome de la caspa y del taxista nazi. Dedicación máxima al trabajo en oposición a la cultura de la jeta, tan sublimada en España. Y, además, es listo porque es valiente; si uno no se arriesga, no hace nada en la vida. Ha sabido ver que, sin esa grandeza del coraje en la búsqueda de la victoria, que no es incompatible con la lúcida visión de nuestra condición de indigente, se vive sin duda mucho peor. Está bien fracasar, es incluso elegante, pero aún lo es más el triunfo. Y es muy educado.

¿A quién se refiere?*

a) A Francisco Camps
b) A Sergi Arola
c) A Josep Guardiola
d) A Rafael Reig
e) A Perseo
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*Nota: Quien fundamente mejor su opción, a juicio del nadador, será premiado con un ejemplar de Inopia, que para eso va prologado por Enrique Vila-Matas. Estamos que tiramos la casa por la ventana.

viernes, mayo 22, 2009

Javier Reverte en Lilec 09

He leído este texto en la presentación de Javier Reverte. Teatro Apolo. Almería. Patio de butacas casi lleno. Calor hacía, para que lo vamos a negar. Los amigos estaban. A la mañana siguiente, me dolió despertar.

Foto: María José Gázquez
Javier Reverte. El libro y el viaje.

Primera jornada.

He estado junto a Javier Reverte. He entrado en la cafetería de la estación de autobuses y me lo he encontrado allí, al fondo, junto al ventanal, tomando notas en un cuaderno. Estoy seguro de que era él porque tengo varios de sus libros en casa y mi madre, cada vez que me visita y ve la fotografía de la solapa, me dice que es clavadito a un tío suyo al le perdió la pista y no sabe si seguirá viviendo en Estepona o en Mijas-Costa. Allí, en la mejor mesa de la cafetería, estaba escribiendo él del mismo modo que yo pedía un zumo de naranja bien frío, por favor. Con naturalidad. Sometido a una especie de inercia viajera que sólo conocen quienes compulsan toda la fauna y flora de las hojas de pasaporte. Curiosamente, esa impresión me ha hecho sospechar que, quizá, no estaba escribiendo porque le apeteciera o acabara de tener un idea cojonuda, sino porque es Javier Reverte, el escritor y periodista, y, a fin de cuentas, está en una estación de autobuses. Si no escribe ahí dónde va a escribir. Así cualquiera, le he murmurado al camarero. Y me he tomado el zumo de naranja de un único, valiente y traumático trago. Para que no se oxide en el camino.

Segunda jornada
Nada más abandonar la cama, me he preparado el almuerzo y he barajado la posibilidad de que el hombre de ayer, el de la estación de autobuses, no fuera Javier Reverte. Así que he buscado en google Javier Reverte + Almería. Me ha mostrado lo que sigue: Leer con la mochila al hombro. El escritor Javier Reverte reflexionará sobre el viaje y los libros en el marco del Festival del Libro y la Lectura. Lugar: Teatro Apolo. Hora: 20:30. Presenta: Juan Manuel Gil. He tecleado Juan Manuel Gil en google. Nada de nada. No ha habido suerte. Salvo que sea el mismo Juan Manuel Gil que protagonizó Florecienta y Pasión de Gavilanes. Quiera dios que no. Ese tío ha debido de acabar mal.

Tercera jornada
Este mediodía he visitado a mi madre. Y me he imaginado contándole que me he cruzado con Javier Reverte, uno de los escritores de libros de viajes más importantes de nuestra literatura actual. Ella, en mi elucubración, me pregunta que qué demonios ha estudiado para ser eso. Filosofía y periodismo, mamá. Pero, ¿se ha sacado unas oposiciones de funcionario? Creo que no, mamá. Ahora bien, ha sido corresponsal en Londres, París y Lisboa, ha trabajado en televisión española, fue subdirector del periódico Pueblo y ha escrito novelas, poemarios y libros de viajes. Me gustan los títulos de sus novelas: Todos los sueños del mundo y La noche sostenida, por ejemplo. Incluso, hace unos años, ganó un premio llamado “Ciudad de Torrevieja”. 60 millones de pesetas. Ordenaditos: uno encima de otro. Y cuando pienso que me la he ganado con tan contundente cifra, que he hecho añicos la panacea del beatus ille del funcionariado, ella me suelta que si viaja tanto gastará mucho y que ya se sabe: un viajero es un viajero, una especie de tirititero, comercial de calzado o feriante sin seguridad social. Así que he visitado a mi madre, me he callado todo esto y le he contado lo otro. Ya saben: que he visto a su tío de Estepona en la cafetería de la estación de autobuses. Joder, no ha despegado la mirada de lo que estaba haciendo. Y ha dicho: mi tío siempre fue un vividor.

Cuarta jornada
He vuelto a la cafetería de la estación de autobuses. No estaba Javier Reverte, pero luego ha aparecido. Por la mirada que me ha dedicado, creo que le ha jodido que esta vez fuera yo quien ocupara la mejor mesa del local. He barajado varias opciones para suavizar el ambiente. Psicología de primeros auxilios. La primera: Acercarme a él, presentarme y preguntarle por el Capitán Alatriste. Pero no he tardado en concluir que puede estar hasta los huevos de esta broma y empeorar sensiblemente la situación. La segunda: Aproximarme y confundirlo con el tío de mi madre que puede que viva en Estepona; el vividor, vamos. Descarto la opción por si me confirma que lo es y me dan tres microinfartos allí mismo y caigo rodeado de servilletas y colillas. Tercero: Decirle la verdad. Al final, no he llevado a cabo ninguna de las tres opciones: pago mi consumición y le dejo la mesa para que escriba.

Quinta jornada.
La verdad es la siguiente. Que me habría gustado viajar más. Escribir en las estaciones de autobuses, de trenes, de servicio. Pero que, al final, lo que una madre dice tira mucho. Así que me han bautizado funcionario. Por los siglos de los siglos. Donde no hay excomunión posible. Donde la carrera tiene más envergadura que el viaje. Y el destino más que el trayecto. Y, aunque no he recorrido África, he hecho lo más parecido: leer El sueño de África, Vagabundo en África y Los caminos perdidos de África; he saltado de Grecia a Turquía y de Turquía a Egipto en El corazón de Ulises; y he cogido la malaria, como Javier Reverte, navegando el Amazonas, leyendo El río de la desolación. La verdad es la siguiente. Que los libros de Javier Reverte se aproximan al lector para dejarlo caer en cualquier punto del planeta. Porque uno, mientras los lee, mientras los transita, tiene la sensación de estar solo ante el viaje, desvelado por lo nuevo, asombrado por lo viejo, aturdido de tanta televisión digital terrestre, de tanta conexión inalámbrica. La verdad es la siguiente. Que los libros de viajes de este escritor madrileño, esconden tras su pulso la naturalidad de lo que emerge de la pura pasión, de lo que siempre se ha soñado hacer y al final se ha acabado haciendo. Escribir y viajar. Aventurarse en ambos territorios y ser consciente de la dosis de libertad que ambas cosas entrañan. Los libros de Reverte están tan vivos y expectantes como una ciudad de madrugada, como este patio de butacas, como el tío malagueño y vividor de mi madre. En él confluyen todos aquellos, porque en todos aquellos confluye él: Chatwin, Livingstone, Willy Fog, Pier Paolo Pasolini, Gulliver y el mismísimo Ulises. Porque de eso se trata al fin y al cabo. De vida que además parece vida. La verdad es ésa. Que a mí me habría gustado que me preguntaran si soy más viajero que novelista o a la inversa, y poder contestar que novelista, por supuesto, a sabiendas de que es decir también viajero.

Sexta jornada.
Lo he comprobado. No ha sido tan difícil. El presentador del acto del jueves no es el Juan Manuel Gil de Florecienta y Pasión de Gavilanes. Al parecer también escribe. Aquí el más tonto hace relojes. Quizá le haga saber de mí.

Séptima jornada.

Javier Reverte ha dicho: El arte de viajar, en todo caso, supone un acto de humildad permanente, porque descubres que te equivocas más de lo que podías pensar. Tus prejuicios se desvanecen y tus principios se recortan en número, aunque se hacen más fuertes en calidad. Un buen viaje es aquel que cambia algo en tu interior, y que te enseña, a través de los ojos de otros, algo nuevo sobre ti mismo. Yo añado: un buen libro de viajes ha de conseguir lo mismo. El escritor cede al lector, en un acto de generosidad y alevosía, la posibilidad de diluir los posibles prejuicios y afilar los principios hechos puro mineral. Me temo que se el momento de viajar.

Octava jornada.
Estimado Juan Manuel Gil, aún a sabiendas de la extrañeza -o irritación, nunca se sabe- que estas jornadas hechas texto habrán provocado en usted, me he atrevido a hacérselas llegar. Dejo a su libre consideración lo que hacer con ellas. Confío en que su destino, una vez en sus manos, será el que verdaderamente merecen. A fin de cuentas, es usted el que está ahí arriba, junto a Javier Reverte, mientras yo lo miro desde este patio de butacas. Tranquilo, si no he interrumpido el acto hasta el momento, ya no lo hago. Pero hágame un favor. El último. Cállese ya. Hemos venido a escuchar a Javier Reverte. No a usted.

martes, mayo 19, 2009

La cultura nos poliniza


Durante este mes, la ciudad de Almería es a la cultura, lo que el F.C. Barcelona al fútbol. Es decir, el centro del mundo. Y si no ya me dirán: en apenas un par de semanas se trenzan, se pisan, se aman y se repelen las programaciones de Lilec, PoeticAL y CulturAL 2009. El asunto merece una reflexión. Ahora nos bañamos en la abundancia cultural -bendita sea- , pero no ha sido así durante el invierno y, muy probablemente, tampoco lo sea durante el verano. Se me ocurre una manera de salvar el escollo, aunque lo mismo es una bobada: distribuir estas tres grandes popuestas a lo largo del año. No creo que sea muy difícil llegar a un acuerdo. Algunas de ellas son financiadas por la misma institución, y coordinarse consigo mismo no es tan complicado. O sí. No sé. Yo a veces me contradigo. Así que mejor me callo. En cualquier caso, la agenda cultural está apretadita, hay para todos los gustos y la meteorología acompaña. Así que estamos de suerte. Mis próximos pasos: esta noche me tomaré unas cervezas en la fiesta bloguera del Zaguán: recital transibérico de Ana Gorría (Madrid) y Estíbaliz Espinosa (Galicia); mañana asistiré a la charla de Óscar López y Sergi Arola en El Apolo; y el jueves presentaré brevemente a Javier Reverte para escucharlo hablar sobre libros y viajes. Eso sí, cada noche, antes de dormir, un ratito de lectura. Hoy por hoy: El orden de la memoria de Salvador Gutiérrez Solís (Editorial Destino). Pedazo de novela recién salida del cuarto de atrás de la botica. Marca un antes y un después en la producción de este autor cordobés, de quien ya he recomendado en esta piscina varios de sus libros. Esta novela es gustazo literario.

jueves, mayo 14, 2009

La final


Una clara conciencia de lo que ha perdido,
es lo que le consuela.
[Jaime Gil de Biedma]

martes, mayo 12, 2009

Antonio Vega


Dicen que Antonio Vega ha muerto. Eso es difícil de creer. Muy probablemente no muera nunca. Y si lo hace será dentro de algunos millones de años. Cuando algún asteroide nos perfore el corazón y derrame el nucleo magmático de la tierra. Mientras eso ocurre, guardo la esperanza de que cumpla el compromiso de actuar en el Teatro Apolo de Almería. El concierto estaba previsto para el 30 de abril de 2009. Pero llevaba unos días que no se sentía bien. Que le costaba respirar. Que apenas podía coger la guitarra. Que no estaba él en lo que tenía que estar. En la puerta del pequeño teatro se podía leer: Cancelado por enfermedad del artista. Lo que son las cosas. Me devuelven los diez euros de la entrada.

viernes, mayo 08, 2009

Me gustan los libros de viaje


Después de mi turné por Italia -Roma, Florencia, Pisa y demás pedanías-, desciendo al cuarto de máquinas de esta piscina, reactivo la depuradora, repaso los filtros, aspiro en las profundidades y ajusto el cloro y el ph del agua. Agüita transparente-cristalina para un verano que se avecina como Chuck Norris con los sentimientos heridos. Pero comencemos por mayo: Lilec 09 por un tubo. La programación está bordada como los mantones de manila o las estrellitas de la champion league en la manga de esa camiseta que tú y yo sabemos. Repásenla aquí y anoten las citas obligadas en su iphone o sucedáneo de gente pobre.


Yo hago cositas en el Lilec 09:

Sábado, 16 de mayo, 19:30 horas: estaré en la caseta bloguera (designed by María José Gázquez) dando respuesta a las preguntas de los internautas (sobre mis libros, los blogs en general o mi vida en particular).

Jueves, 21 de mayo, 20:30 horas: presentaré en el Teatro Apolo a Javier Reverte: El libro y el viaje.

A toro pasado escribo: hace poco estuve recitando en el IES Juan Goytisolo y en la Biblioteca Municipal de Berja. Gente de bien la que acudió. Y de bien nacido es ser agradecido. Lástima que aún no me haya abierto un facebook para este tipo de cosas de corte emotivo.