lunes, noviembre 05, 2012

Hipstamatic - Señales


Estamos saliendo de la crisis. Ya sabes que no lo digo yo. Lo afirma nuestra ministrísima Fátima Báñez. Ella, que es de córnea fina y fibrosa, ve señales esperanzadoras donde otros vemos una mancha de humedad con forma de entidad divina. Las ve con nitidez. Sale del sueño, deja caer suavemente sus párpados y lo vislumbra todo. Lo tiene claro-clarinete. No se trata de un optimismo vacío. Es el relato de la realidad circundante. La Realidad con mayúscula inicial. Gorda y oronda. La suya. Pero también la tuya y la mía. La nuestra. Y ojo ahí, porque no estamos hablando de cualquier enunciado: “estamos saliendo de la crisis”. Repítelo en voz alta y sujétate los dientes. ¿Cómo suena? ¿Raro? ¿Se te ha puesto cara de gilipollas? A ver, no te ofusques. Lo que pasa es que nosotros no sabemos mirar la realidad circundante de esa manera. No estamos acostumbrados a muscular nuestra córnea del mismo modo que ella lo hace. Es como dar cera y pulir cera, pero con los ojos. Si los trabajamos a diario y de esa forma específica nos pasará exactamente lo mismo que a nuestra ministra de Empleo. Es decir, que donde ahora sólo vemos más de cinco millones y medio de desempleados, conseguiremos vislumbrar una señal esperanzadora, una luz inmaculada al final de un camino oscuro. Voy más allá con lo milagroso del asunto. Que cuando contemplemos sobrecogidos las imágenes de familias desahuciadas por cajas y bancos, podamos advertir en sus gritos la salida de esta emponzoñada crisis financiera. Y que nada más leer los testimonios desesperados de quienes se quedan sin el apoyo de la Ley de dependencia, o de esas personas que tienen que recurrir a un banco de alimentos para salir adelante, seamos capaces de atisbar en su sufrimiento y rabia un horizonte azul, tenso y humano. Entonces, y sólo entonces, lo podremos decir tal y como lo afirma ella. Estamos saliendo de la crisis, no es un optimismo vacío y es el relato de la realidad. Uno, dos y tres. Crisis, optimismo y realidad. Ahora bien, mientras no ejercitemos la musculatura de la córnea, el iris y la pupila no estaremos en situación de ver las evidentes mejorías. Y se nos seguirá poniendo cara de gilipollas cada vez que el ministro de turno tenga tan poco apego a la calle que se atreva a decir una barbaridad como la que nos ha regalado Fátima Báñez.

miércoles, octubre 17, 2012

Hipstamatic - Michel Houellebecq


Esta semana pasada ocurrió lo que nunca debió ocurrir. Eso que sueño cuando una indigestión me abraza la boca del estómago o una fiebre se me encierra en los ojos. Eso que a uno le cuesta asimilar porque tritura la letra pequeña del pedacito de buena suerte que le corresponde en vida. Pues exactamente eso ocurrió hace apenas unos días. Eso que ahora es esto y que escribo gritando: Michel Houellebecq estuvo recitando en Antas (Almería) y no me enteré. No se puede ser más desgraciado. A unos setenta kilómetros de mi casa, y yo no me enteré.


Todo comenzó el domingo por la mañana. Después de prepararme el café y la tostada de aceite y sal, me puse frente al ordenador con la intención de trabajar un rato. Nada. Resistí poco. Entré en Facebook y estuve navegando en círculo hasta que la mañana se resquebrajó y empezó a ponerse verdaderamente fea. Fotografías y fotografías y más fotografías emergían de mi pantalla. En todas ellas Michel Houellebecq aparecía acompañado de algunos de mis amigos. Fumando. Sonriendo. Charlando. Mirándose. Michel Houellebecq. El escritor francés. Mis amigos. Cabrones afortunados. Escuchando, escribiendo, gesticulando. Michel Houellebecq. Maldita sea. Michel Houellebecq. Si hasta lo metí como personaje en una novela y tiene un anaquel exclusivo en mi biblioteca blanca de Ikea. El escritor francés. Las partículas elementales o La posibilidad de una isla. Todo ese tema. Michel Houellebecq.

He tardado días en reponerme. He estado jodido. Este asunto me ha dejado tocado de la cabeza. No he querido que me cuenten nada sobre esa tarde de sábado en los bajos de la oficina de correos. No sé si lo soportaría. Lo anunciaron en prensa y en las redes sociales. ¿Cómo no lo leí? ¿Cómo no supe de la presentación a las ocho y media en Antas? ¿Cómo no me topé con ese acto que había organizado la Asociación Cultural Argaria? Ahora tengo miedo de que sigan ocurriendo cosas que no deben ocurrir. Ya saben. Cosas terribles. Cosas que tengan que ver con Don Delillo, Philip Roth, Paul Auster, Carol Joyce Oates o Richard Ford, por poner algunos ejemplos. Cosas que ocurran en nuestra ciudad o provincia y de las que yo no tenga noticia. Me puede el miedo. Michel Houellebecq volvió a Almería, yo no me enteré y eso no debió ocurrir nunca.

miércoles, octubre 10, 2012

Hipstamatic - Un western


Esta mañana, de camino al trabajo, me he topado con un densísimo banco de niebla. No me ha sorprendido, la verdad. En esa zona, en las primeras horas del día y en esta época del año, es muy normal que florezcan buenos y fuertes campos de niebla. De hecho, la extrañeza me la habría provocado la situación contraria: que el mes se hubiera ido y la niebla no hubiera abandonado su escondrijo de piedra.

Esta mañana, a los pocos kilómetros de abandonar la autovía y seguir por la carretera comarcal, la espesura era tal que no me ha dejado más remedio que apartar el coche y detenerlo donde buenamente he podido. Para ser exactos, bien entrado un camino pedregoso que si tuviera que ubicar ahora mismo, dudo mucho que pudiera hacerlo con facilidad. En cuanto he perdido de vista las luces rojas del coche que me precedía y la niebla me ha engullido, se ha apoderado de mí esa sensación tan humanamente humana de estar a punto de caer por una grieta que conecta con el mismísimo infierno. Así que me he detenido, he salido del coche, he echado un vistazo a mi alrededor, he vuelto a entrar, le he dado volumen a la radio, he reclinado el asiento y así me he quedado un buen rato a la espera de que la carretera se dibujara de nuevo. Veinte minutos. Quizá treinta.

Cuando el tipo ha golpeado la ventanilla, porque es eso lo que ha ocurrido, que un tipo ha golpeado mi ventanilla, yo estaba centradísimo en la teoría que un economista se afanaba en desgranarnos en la clásica tertulia mañanera de la radio. Toc, toc. Un golpe más en el cristal y muy probablemente me habría provocado un ramillete de microinfartos y un sagrado ocular de consecuencias irreversibles. Vamos, que del susto me ha centrifugado los chacras. Sin bajar la ventanilla, le he hecho un gesto con la cabeza. Así que él, no exento de amabilidad, me ha pedido que la baje y me ha dicho más o menos esto:

Disculpe, esto es un camino privado. Aquí no puede quedarse. Más allá hay una estación de servicio. No creo que tenga problemas en llegar. Aquella de allí es mi casa, ésas son mis tierras y éste es mi camino. ¿Vale? Si quiere yo le indico para dar la vuelta. Llegado este momento ha hecho una pausa, ha mirado sus zapatos o el barro de sus zapatos y ha continuado hablando. ¿Te manda mi hermano? Es eso, ¿verdad? Pues le va a decir algo de mi parte. ¿Me está escuchando? Dígale que la próxima vez seré yo quien vaya a buscarle.

miércoles, octubre 03, 2012

Hipstamatic - Lila´s Café


Quienes han leído esta columna alguna que otra vez quizá tengan constancia de mi extraña y morbosa relación con los espacios. Aquí he tenido oportunidad de reflexionar sobre el rincón que me reservo en casa para trabajar durante todo el tiempo del mundo, sobre la atracción que despiertan en mí los lugares que el cine y la literatura han colado en los mapas de carretera o sobre una Almería huraña y encantadora que sólo me atrevo a perfilar en el cuaderno si es con jugo de limón. Son tres ejemplos. Pero a lo largo de las más de sesenta Hipstamatics publicadas en este periódico, el espacio, de una forma evidente o diluida, siempre ha estado serpenteando entre estas líneas, y mucho me temo que seguirá haciéndolo durante algún tiempo más.

Hoy, sin ir más lejos, es uno de esos días. Vuelve a ocurrir. Me preparo algo para beber, enciendo el ordenador y no me saco de la cabeza el Lila´s Café. Si vives en la ciudad, es muy probable que lo conozcas o hayas oído hablar de él. Un bar especializado en riquísima gastronomía francesa, con cócteles cuidadosamente exactos y alejadísimo del maldito ruido de fondo. Creo que sé de este lugar desde hace un par de años. Y aunque mis visitas suelen ser muy esporádicas, siempre que salgo de allí me llevo conmigo una extraña sensación de pertenencia.

Al Lila´s Café le sienta bien la lluvia. Parece que tuviera la mismísima voluntad azul del invierno. No me preguntéis por qué. Quizá sea porque los trenes no andan muy lejos de allí o por esa música tan de bufanda y guantes que suena todo el rato. Ya os digo que no lo tengo nada claro. Pero lo cierto es que una vez que estás dentro no te importaría que empezara a llover con furia en toda la manzana y el agua hiciera ese ruido que hace el agua contra el agua cuando todo se antoja perfecto. Quizá eso explique que la gente, mientras los camareros van y vienen despacio y el cine resuena mudo en la pared del fondo, sea consciente de una lluvia que nadie nombra por miedo a que no termine de llegar. Aunque, insisto, sólo es una rara suposición. Porque, en realidad, la única certeza con la que se sale de allí es la del Chablis entrando en el cuerpo y buscando acomodo en los ojos y en la nuca.



miércoles, septiembre 26, 2012

Hipstamatic - Ejercicio de redacción


Uno no puede dejar pasar septiembre sin haber escrito su clásica redacción. Ya saben. Esa que te pedía el maestro de lengua castellana y literatura y que te colocaba frente al espejo de tu mediocridad estival. El epígrafe solía decir más o menos así: Escribe una redacción en la que cuentes algún episodio interesante que hayas vivido este verano. Cuida la caligrafía. Presta atención a la ortografía. No olvides que existen los signos de puntuación. Ahí es nada. Moco de pavo. Era terminar de copiar el enunciado en mi cuaderno de doble raya y sentía cómo el sintagma episodio interesante empezaba a fermentar entre mis hemisferios cerebrales. Y me explico. Por entonces, yo entendía que mis veranos no eran muy de episodios interesantes. Ni siquiera de episodios a secas. A mi juicio, mis meses de julio y agosto estaban formados por una sucesión de algaradas sin orden ni concierto que, en muchos casos,  transitaban por las costuras de la ley del menor. ¿Y qué consideraba yo episodios interesantes? Pues lo que otros –pocos, todo sea dicho- leían de pie y en voz alta en mitad de clase: un viaje a un pueblo perdido en mitad de la serranía, la visita inesperada de unas primas exóticas, la experiencia de subir en un avión por primera vez o irse de campamento junto a otros amigos, por poner algunos ejemplos. Esos sí eran episodios interesantes. Lo nuestro era más una cuestión de hacerles la vida imposible a los gatos del barrio, sacrificar animales escamosos que entendíamos perjudiciales para nuestra sociedad, introducir petardos en rendijas, envases y buzones, arrojar fruta blanduja desde azoteas estratégicas y algunas otras actuaciones que no confieso por temor a que no hayan prescrito. Así que siempre que llegaba septiembre y el maestro de lengua pedía aquella redacción basada en hechos veraniegos y, además, interesantes, le sacaba punta al lápiz y mentía como un rufián. En aquellos ejercicios sobre veranos ficticios, estuve visitando la ciudad francesa en la que trabajó mi padre durante sus años mozos, alquilamos una casa en la ciudad natal de mi madre para pasar un par de semanas del mes de agosto, hice excursiones por pueblos que me resultaban fáciles de escribir y me regalaban bicicletas a diestro y siniestro. El maestro nunca me dijo nada sobre aquellas redacciones. Intuyo que a él lo que le importaba era lo otro: la caligrafía, la ortografía y no olvidar que existen los signos de puntuación. Por entonces, lo que nadie sospechaba era que algún día me dedicaría a escribir mentiras como un rufián. Mentiras muy parecidas a ésta.

miércoles, mayo 30, 2012

Hipstamatic - Sumario


Mientras comienzo a escribir el artículo siguen ocurriendo algunas cosas. Lo que viene a continuación es un sumario que recoge algunas de ellas. La prima de riesgo merodea los quinientos quince puntos básicos. La bolsa española sigue aflojando y retrocede un dos coma treinta y cuatro por ciento a su cierre. El grupo Bankia se desploma tal y como ha venido sucediendo desde que se destapó el agujero que escondía. Se acaba de conocer que un exdirectivo de este banco se lleva catorce millones en concepto de pensión y prejubilación. Otro directivo de Cajamadrid tiene derecho a más de seis millones de euros por acogerse a un expediente de regulación de empleo. El Partido Popular rechaza frontalmente que los exresponsables de este grupo bancario tengan que dar explicaciones, a pesar de que las ganancias que declararon ocultaban pérdidas de más de tres mil millones de euros. Bankia recibirá diecinueve mil millones de ayudas públicas, que se suman a los más de cuatro mil millones de euros con que se recapitalizó la entidad. El gobierno cree perjudicial que el gobernador del Banco de España nos explique qué está pasando. El sector público ha perdido ciento quince mil empleos en los últimos seis meses como consecuencia de los planes de austeridad. La Xunta de Galicia deja caer que hay Ayuntamientos que están a punto de suspender pagos. El presidente del gobierno nos indica que es un mal momento para pedir a la Iglesia que pague el IBI. El máximo representante del Consejo Superior del Poder Judicial ni dimite ni se avergüenza por sus viajes a Marbella –sin especificar motivo- durante algunos fines de semana. En los últimos días han sido imputados el exdelegado de Trabajo y Seguridad Social de Sevilla, el alcalde de Murcia y el número dos del Partido Popular en esa comunidad. Lejos de adoptar medidas que reactiven el consumo, la facturación del comercio minorista baja un nueve coma ocho por ciento en abril. Lejos de alcanzar el objetivo de déficit –piedra angular de la economía creativa-, en cuatro meses ya hemos superado el setenta por ciento de la cifra fijada para este año. Y hasta aquí. Ya está. Esto es lo que tengo que decir hoy. No hay una reflexión final. Tampoco un giro sorprendente. No ocurre nada asombroso. Sólo ellos: Mariano Rajoy, Luis de Guindos, Rodrigo Rato, Cristóbal Montoro…


miércoles, mayo 23, 2012

Hipstamatic - Amigdalitis




Ahora resulta que sufro de amigdalitis crónica. Esta mañana me lo ha dicho el otorrinolaringólogo. Al parecer mis amígdalas están cubiertas por una especie de surcos y pequeñas cavidades que hacen que esa zona sea un gran lugar para el veraneo de bacterias. ¿Estoy jodido, doctor?, le he preguntado con cierta afectación. No digas gilipolleces, me ha parecido leer en su mirada. Según me ha explicado, esta dolencia mía no viene de ahora. La arrastro desde hace bastante tiempo. No hablo de unos años. Tampoco hablo de mi adolescencia o de mi infancia. Al parecer esta amigdalitis empezó a fraguarse hace millones de años. Eso me ha dicho. Por la misma época en que cristalizaban conceptos tan variados y distintos como el amor, el tiempo, el vacío, el poder, la palabra, el secreto, la distancia, el placer, el silencio o el mismísimo deseo. Por poner algunos ejemplos, me ha soltado el laringólogo desde el otro lado de la mesa. Para ser sincero, me ha llamado muchísimo la atención que mi amigdalitis se generara a la par que el amor y el deseo. No veo normal que compartan génesis cosas tan dispares en significante y significado. Pero no soy yo quien tiene una pared de una sala de espera con una orla de la facultad de medicina de la Universidad de Granada. En fin, que el diagnóstico ha tronado en la consulta. Tal y como suena si lees esto en voz alta: Padeces una amigdalitis crónica y, además, prehistórica. ¿Usted no había notado nada antes?  Y yo, la verdad, a lo largo de mi vida he disfrutado de los beneficios del amor, he lamentado el castigo del tiempo, me he quedado vacío para volver a sentirme pleno, he ansiado mezquinamente el poder, he buscado la palabra exacta, he padecido la distancia, se me han afilado los colmillos al hablar de placer,  he guardado silencio y he deseado casi todas las cosas de este mundo. Pero esta dificultad al tragar, esta ligera y constante inflación de garganta, este dolor irradiado hacia la base del cuello, esta presencia fantasma en la faringe, esta amigdalitis crónica y, además, prehistórica no estaba ahí hace unas semanas. Eso lo aseguro sin miedo a equivocarme. Que estuviera escondida ahí durante siglos, bueno, lo puedo aceptar. Yo a estas alturas no me asusto de nada. Pero la amigdalitis se ha manifestado de golpe. Exactamente como lo habría hecho el amor o el silencio. 

jueves, mayo 17, 2012

Mi padre y yo



ESTÁ PASANDO: El Gaviero Ediciones ya ha anunciando la publicación para este año del libro de conversaciones entre mi padre y yo. El asunto me pone contento, contento. Soy muy fan de mi padre. El anuncio se puede ver aquí.

miércoles, mayo 16, 2012

Romanticismo

Puede ser que concentre en alguno de mis órganos vitales residuos de romanticismo.  Sólo es una hipótesis. Noto algo invasivo en mi interior. Me atrevo a imaginar que su naturaleza se asemeja a la del plástico fundido o a la del incansable musgo o a la de la dentadura de un perro. Está ahí como un peso, una alucinación, un cepo o una huella prehistórica. Y creo que me tiene donde quería tenerme: consciente de su presencia y temeroso de su poder. Este romanticismo deslocalizado, que así lo quiero llamar, es el que me lleva a defender que mi corazón es un hormiguero en construcción, por ejemplo. Es el que me revela que la sinrazón del sueño obedece a verdades olvidadas, que tus ojeras son hojas verdes y no raíces, que se puede ir más allá del peligro, que soy capaz de albergar tanta rabia como descanso y que a veces tengo que hablar en una idioma formado por semillas para acabar diciendo estas cosas tan extrañas. Este romanticismo me lleva a exonerarte de toda culpa, a prometerte interminables extensiones de tierra en África o en Oriente, a olvidarte como tú quieres ser recordada y a buscarte en la etimología de casi todas las palabras.  Así podría estar hasta el cierre de este texto, pero, para ser sincero, no siempre actúa el romanticismo deslocalizado. Cosa que agradezco, por cierto. Me he dado cuenta de que soy inmune a él cuando estoy en el pasillo charcutero del Mercadona, cuando no tiendo la ropa velozmente y me coge humedad, durante las dos horas posteriores a la vacuna de la alergia, poco después de un consejo de ministros y en mitad de una canción de Macaco. En todas esas situaciones el romanticismo se inhibe y soy capaz de comportarme como se espera que lo haga alguien como yo. Como un hombre que no delira y no acaba hablando de hormigueros en el corazón, que desconfía de la ilógica de los sueños, entiende las ojeras como lo que son y no promete latifundios que nunca tuvo en su patrimonio.  Un hombre que simplifica. Un hombre de sujeto, verbo y complementos. No más allá. Un hombre que se viste por los pies y no se complica la vida buscando el viaje poético de los neutrinos o confundiendo estúpidamente la imaginación con la memoria. No quiero ser un romántico.

lunes, marzo 26, 2012

Dietario de la jornada electoral



A las dos de la madrugada teníamos que poner las manillas en las tres en punto. Por tanto, en realidad, las nueve y diez de la noche eran las ocho y diez de la tarde. En ese momento, Antonio Sanz, segundo de Arenas, sugiere que han conseguido la mayoría absoluta. Mientras miro la tele, corto una tripa de fuet en rodajas finas y me entretengo en quitarles la piel. Aguanto la tentación y no me como ninguna hasta que todo está listo. Con el 23% escrutado, mi vecino da un golpe en el tabique medianero y me entero así de que la mayoría no es de ellos. Observo que a la presentadora de Canal Sur le brillan los colmillos, tiene serías ganas de bailar sobre la mesa o desdibujarse en una salvaje fiesta de espuma y cuádriceps cincelados. En cambio se limita a decir: la muestra escrutada no es significativa, repito, no es significativa. La clave de un buen bocadillo de fuet es añadir un buen chorreón de aceite de oliva virgen. Sobre todo si el fuet no es de una calidad aceptable. ¿Por qué?, os preguntaréis. Lo sé porque yo también me hago esa pregunta muchas veces. Demasiadas veces, según mi padre. Total, que me pego una vuelta por la parrilla televisiva y concluyo a ojo de buen cubero que al 74% de los canales de la TDT las elecciones andaluzas se la refanfinfla.  Hago el clásico, metafísico y perfecto viaje circular , acabo de nuevo en Canal Sur y un señor de voz meliflua y acaramelada asegura que Izquierda Unida ha zarandeado el sistema bipartidista. Añade: es una sorpresa. No sé por qué es una sorpresa, digo con la boca llena de fuet. Y suena a: El pepé me da una pereza... Pero no he dicho eso. Entonces, como si de un mensaje eléctrico se tratara, me acuerdo de ese pinchadiscos/animador que Moragas contrató para celebrar el ascenso del Partido Popular a la Moncloa. Al parecer le ponía Ricky Martin y una canción que decía más o menos así [la entonación es cosa vuestra]:  Tico era un Boricua de Manhattan / cantaba en el subway / con su beat box y su electric guitar. / Por las noches era DJ / se paraban en las sillas / y él ponía el mundo a girar. / Qué bellos tiempos / cuando se bailaba hasta morir / saltando al cielo / con esa locura de vivir.

El final os lo podéis imaginar: me clavé el bocadillo cuando el escrutinio no había superado el 64%. Y apagué la tele. No hay más. Esta mañana me he enterado de que Rajoy ha felicitado a Arenas.

lunes, marzo 19, 2012

Mi padre es la bomba


                                                                                                                                     Foto: Ibáñez

Para celebrar el día del padre, la Editorial El Gaviero ha publicado en su blog algunos de los intercambios pugilísticos que mantenemos mi padre y yo. A mí, por razones emocionales, me ha parecido una idea cojonuda. A mi padre, por razones económicas, también. Si quieres echarle un vistazo, sólo tienes que pinchar aquí, aquí y aquí. En los tres enlaces vas a parar al mismo sitio. A éste. Feliz día del padre.

viernes, marzo 16, 2012

Subiendo el pan

                                                                                        La Voz de Almería - 16 de marzo.

miércoles, marzo 14, 2012

Hisptamatic - Manual de primavera



En esta columna no hay crisis. No tiene cabida. Cuatrocientas y pico palabras sin destrucción de empleo, sin objetivos de déficit, sin bajadas de sueldo, sin reajustes en las becas, sin reformas laborales y sin recetas médicas a un euro. No hay nada de eso. Esta columna es un manual para que imagines, dibujes y muerdas la primavera. La que está a punto de estornudarte en la cara. Porque este año las carreteras llegan cargadas de vinagretas, grillos y estampados frutales. Así que es el momento de dar el salto y quedarte suspendido en el aire, de inventarte el cóctel del eterno fin de semana, de que se te desparrame la imaginación –el petróleo de nuestro siglo- y te obligue a nadar en ella.  Que le den por culo a la crisis. Vete a la calle y hazte pasar por un pez gordo de Silicon Valley. Apenas estés dispuesto a mover el mundo con un punto de apoyo, te lloverán las amistades en facebook, te caerán las preguntas que te sabes y se te subirá el guapo a las mejillas. Es la amenaza que trae entre los pistilos esta primavera: que todo sea muchísimo mejor. Mejor que antes. Mejor que cuando estábamos mejor. Por eso, ahora que estás a tiempo, decide qué vas a leer durante estos meses, a quién vas a llamar en horario de tarifa plana y qué vas a contestar cuando desde el portero automático te pidan que bajes a tomar algo. Si llevabas tiempo dándole vueltas a eso que tú sabes,  escríbelo en twitter y que se convierta en  trending topic. Esta primavera va a llegar como un disparo de hierba. ¿Qué pasa? ¿Que te parece demasiado optimista? ¿Qué se asemeja a un anuncio de Ikea? Pues a mí todo lo que tiene que ver con la crisis y sus responsables me tiene asfixiado. Apesta y duele. Parece una mala película que alimenta el pánico y la desgracia. No hay cómo masticarla y tampoco sabemos escupirla. Así que permíteme que continúe por donde lo dejé. Esta primavera va a llegar como un disparo de hierba. Es cuestión de que nuestras ganas también viajen a la velocidad de la luz. Por lo pronto, vamos a vernos en algún sitio. Llegan días de sol y tienes que contarme de qué te ríes tanto. Algo me dice que yo también me voy a reír. 

jueves, marzo 08, 2012

Desórdenes 3



Yo tenía pensado ir a Old Trafford a ver jugar al Athletic. Almería, Madrid, Londres. Sí. Era una sorpresa que me tenía reservada a mí mismo por razones que no vienen al caso. Lo había preparado todo con una minuciosidad que no me es propia, la verdad. Tenía medios, tiempo y coartada. Había afilado mi speaking. Know? Pero en algún momento me puse a pensar en algo y se me olvidó que tenía en mente ir a Old Trafford. No es la primera vez que me pasa. En su momento, también olvidé que quería ir aquí, ver esto, leer esta novela y comprar esto otro de vuelta a casa. Total, que me he venido a acordar cuando he encendido la tele y estaba a punto de empezar el partido. Ha habido de todo. Momentos en lo que he deseado estar en esas gradas. Momentos en los me he alegrado de no haberme gastado el pastizal pertinente. Momentos en los que he rapiñado algo en el frigorífico. Momentos en los que se me han helado los pies. Vamos, lo que vienen a ser momentos, así, en general. Pero bueno, lo que yo quiero decir con todo esto es que el Athletic ha jugado un partido de putísima madre. Ahora me voy a leer un rato. Muy mal se me tiene que dar la noche para no soñar que soy arqueólogo y descubro cosas.

miércoles, marzo 07, 2012

Hipstamatic - Kindle



Tarde o temprano tenía que ocurrir. Ya tengo mi primer lector de e-books sobre la mesa. Un regalo delicioso. Concretamente un Kindle de Amazon con 2 GB de capacidad y conexión a Internet vía wifi. Pero no me condenen aún. Hagamos una cosa: vayamos al principio. Hace muchísimo tiempo que todo esto comenzó.
En casa tengo una buena biblioteca. En cuanto apilé algo de dinero compré siete estanterías Billy con sus respectivos altillos y apretujé todos mis libros en ellas. Me emociona decirlo. Siempre he estado muy orgulloso de mis pequeños: esos volúmenes tan distintos entre sí y, a la vez, tan parecidos. Ay, qué diablillos. Tienen sus cosas, para qué negarlo. Porque atraen el polvo a espuertas, en las mudanzas cobran un protagonismo indeseado, son voraces e invasivos y no estoy seguro de que mis futuros hijos los quieran asumir en herencia. Pero cuántas alegrías me han dado. En casa, durante mis viajes, en las salas de espera y en las poquísimas cafeterías silenciosas de esta ciudad. En todos esos lugares me han hecho feliz. Reconozco la ñoñería: estoy enamorado del gramaje de su papel, de ese olor a polilla y pegamento, del peso atómico de sus historias y del clasicismo o el atrevimiento de sus editores. Además, siempre he entendido el libro tradicional como un producto muy sofisticado. Es cómodo de transportar, no consume baterías insaciables, resiste con entereza el paso del tiempo y, esto es muy importante, si se dobla no se rompe. Ahora la pregunta que toca es: ¿cambiará mi sistema bibliográfico actual por la llegada del e-reader Kindle a casa? Pues un poco sí, para qué os voy a engañar. Y si las grandes y pequeñas editoriales cogen el toro por los cuernos, muchísimo más. Lo que quiero decir es que con este cacharro se lee que da gusto, su capacidad de almacenaje es abrumadora, te permite tomar notas, subrayar y enviar esa información a tu correo, la batería es muy duradera porque el consumo de energía es mínimo, su peso es menor que el de un libro de papel y para las consultas rápidas resulta ágil y efectivo por su práctico motor de búsqueda. ¿Cuál es la pega? Que algunas editoriales se resisten a volcar los libros en formato electrónico, y las que lo hacen ponen precios, a mi juicio, abusivos. Así que la bestia de la piratería amenaza con dar un zarpazo en este suculento negocio. De hecho, ya hay brotes de ella. Y aún así, muchas editoriales importantes siguen sin actuar con decisión, por no decir que observan paralizadas.