lunes, enero 30, 2012

Un oscuro asunto de cine y apuestas



Mi padre tiene un punto Clint Eastwood. Es efectivo con la mirada, sin embargo con el movimiento de brazos no alcanza la excelencia. Es verdad. Imagino que le iría bien un poncho como el que le calzaron en El bueno, el feo y el malo. Su expresión ganaría fuerza. Pero me temo que no se va a dejar, que es muy suyo. Ayer le dije que iba a ver la última de Clint. ¿Clint?, me preguntó. Tú eres tonto, añadió. Luego estuvimos hablando de las novelas del oeste que leía hace veinte años. Las llamó western y yo no me reí por si me soltaba un guata a la velocidad de la luz. Recuerdo que las guardaba bajo la almohada para que yo pudiera curiosearlas cuando él no estaba en casa. O eso imagino. Prácticamente todas las portadas eran amarillas solar y mi madre se las intercambiaba por otras que, en muchas ocasiones, ya había leído. Hoy me pasaré por casa para decirle que no me ha gustado la película. J. Edgar. Los personajes parecen a punto de derramarse de tanto maquillaje postnuclear, la historia quiere apretar pero sólo abarca y ese John Edgar Hoover está muy desaprovechado. Sé que él me dirá que es hora de que se atreva con un western de los humildes. Que piense lo que quiera. Lo bueno es que le pedí un pronóstico para el Málaga-Sevilla y acertó. Y como le tengo confianza, aposté veinte euros. Así que me he ganado unos cuarenta euros, sin contar la inversión.  

jueves, enero 26, 2012

Desórdenes (2)

A ver cómo te lo digo. Todo empezó con un par de filetes de atún a la plancha. Riquísimo, oye. Algo menudo y pasado de espinas, la verdad, pero fresco como un madrugón. Me lo recomendó la propietaria del bar donde suelo desayunar. Oye, Juanma, que tal y cual. No pude resistirme. Se me hicieron las cinco de la tarde relamiéndome como un gato. Que si natilla con galleta, que si café solo y que si digestivo de raíces en peligro de extinción. Tibio, tibio. Con decirte que me envalentoné tanto que, en lugar de asistir a la siesta que tenía concertada, me puse una película. Y ahí vino lo gordo. Old boy. Coreana. De Park Chan-wook. Creo que basada en una historia manga. En versión original (VO), subtitulada, tela de cultureta. 7,9 en Filmaffinity. Yo qué me iba a imaginar que esa película es de Esas películas. A los tres cuartos de hora ya se me movían todos los dientes. Brutal. Qué manera de dispararme la mente a la hora de la siesta. No puede ser sano. Esta película no es de contar ni de decir si es del oeste o de crítica de la sociedad contemporánea. Esta película es para ver después de clavarse un par de filetes de atún fresco.

miércoles, enero 25, 2012

Hipstamatic - Tiempo



Lo ha metido en el trastero. Estaba hasta arriba de cachivaches y mierda, así que, para que tuviera cabida, ha tenido que sacar un par de bicicletas y una tabla acolchada de gimnasia. Lo ha dejado en el trastero porque la casa no es un buen lugar, no pillaba lejos y lo importante era ganar algo de tiempo. Tiempo para pensar. Haz ganar tiempo a la gente y no tardarás en ser multimillonario. Eso piensa él. Pero claro, no sabe cuál es la fórmula para conseguir ese tiempo. Y menos ahora. Así que tampoco puede aplicársela. Por lo pronto, lo ha escondido ahí y está pensando. Primero en cuál es el siguiente paso que tiene que dar. Luego en todo lo demás. Y ese todo lo demás se supone que tiene que concentrar cómo cojones acaba uno metido en una situación así. Porque era una mañana de sábado bastante buena. El café humeaba sobre  la mesa y la mantequilla se untaba con mucha facilidad. Apenas era necesario pasar el cuchillo por el endeble pan de molde. Cuando él salió a la terraza y le preguntó al tipo del cortacésped si podía dejar eso para más tarde, nunca imaginó que un rato después estaría en la puerta del trastero, intentando ganar algo de tiempo. Incluso, de haberlo imaginado, le habría resultado incoherente. Hasta a mí, que soy una especie de narrador omnisciente, me habría parecido un episodio sin pies ni cabeza. Pero, a veces, las cosas no ocurren. Las cosas trituran. Así que el primer sorbo de café le resultó delicioso. Cuando ese trago abandonó la lengua y atravesó la garganta, fue capaz de saborear su color negrísimo. En el jardín, mientras tanto, el tipo del cortacésped continuaba gritándole. Lo llamaba hijo de puta y señoritingo de los cojones, pero el ruido del motor no dejaba que esas palabras llegaran muy lejos.  Hacía una mañana de sábado tan buena, que volvió a hacerse una tostada y pensó en la única camisa blanca que tenía limpia y planchada. Fue al frigorífico y buscó la mermelada de pomelo. La olió detenidamente antes de empezar a untarla. Entonces, se agotó todo su tiempo. El pasado y el futuro. Ese tiempo que transcurrió en sonar el timbre, abrir la puerta, sentir un guantazo y hundir instintivamente el cuchillo de untar en el oído del tipo del cortacésped. Porque ese tiempo se hizo infinito hasta quedarse en nada.   

martes, enero 24, 2012

Sundown



Escribí esto hace algunos años:

Hay cafeterías, teatros, jardines y playas que acaban siendo el meridiano cero de su ciudad. Es decir, cualquier punto que vayas a fijar en un callejero cobra sentido cuando trazas la línea más corta que lleva a ese espacio-Greenwich. A partir de ese momento es más sencilla la orientación y el paso más liviano. Conozco algunas cafeterías o pubs que han llegado a trazar esa línea en algunas ciudades. Son el caso de ‘La Carbonería’ en Sevilla, ‘La Comuna’ en Córdoba o ‘El Piso’ en Málaga. Lugares que uno no tarda en darle categoría de muesca en el horizonte, como lo fue el lunar sobre el labio de Marilyn. En Almería parece estar claro que el gran espacio-Greenwich es el Parque Natural de Cabo de Gata. Todo las posibles líneas de huida son irradiadas por ese impresionante animal de piel dura y ojos brillantes. Pero quizá necesitábamos un punto que se extendiera sobre sí mismo en cuanto llegara la puesta de sol, que nos engatusara y metabolizara la sal de nuestro cuerpo, que nos diera de beber cuando nos queda casi todo por decir. Ese lugar ya es una realidad. Se llama Sundown Coffee Hall y se broncea en el Paseo Marítimo de Cabo de Gata (www.sundowncabodegata.com). Tiene el mismo peso atómico que el oxígeno y el hidrógeno, y su fotosíntesis no dista demasiado de la de cualquier planta rica en clorofila: cócteles, carta de vinos y cervezas, tapas de cuidada elaboración y un atractivo diseño del espacio y su mobiliario. Un lugar que no tiene pérdida para los que buscan el extravío, las últimas horas del día y la línea más corta que lleve al meridiano cero. Aconsejo que, si deciden ir, lo hagan a la hora de la puesta de sol. Es probable que también le den la categoría de muesca en el horizonte. Si sucede así, me gustará saberlo. Déjenlo escrito en La casa del nadador.

SUNDOWN - NUEVA APERTURA - 27 DE ENERO - CABO DE GATA

domingo, enero 22, 2012

Desórdenes



Concentrar toda la noche en el whatsapp de la mañana. Acariciarle la nuca a la cafetera express de cápsulas inteligentes. Planchar de mala manera la camisa de cuadros azules. Abusar del suavizante en la primera lavadora del día. Saludar desde la terraza a un tipo que conduce un enorme cortacésped. Triturar todo lo que tiene que triturar. Pasar de kilómetros a días, horas y minutos. Recibir la buena noticia de que todo sigue igual aquí y allí. Recordar que ha soñado que tenía bigote y ranchera. Meterse una sobredosis de Houellebecq. Despertar en el suelo de la cocina. Gastarse dos euros en lavar el coche. Apostar a que siempre llevó razón. Asumir la importancia de la vida inalámbrica. Repetir aquí y allí.. Golpear con un palo de golf al tipo del cortacésped. Dejarlo inconsciente. Esconderlo en el trastero. Preparar un zumo con naranjas recién compradas.

viernes, enero 20, 2012

Excelencia Almería



Mi comida favorita es esa tajada de carne que mi madre saca de la paila y me da a escondidas minutos antes de que el arroz con conejo esté en su punto. Trapicheo gastronómico. No he encontrado nada más sabroso y alucinógeno en mi vida de futuro hipertenso. Así que sí, podéis llamarme romántico, poeta y místico. Lo encajo todo. Porque hoy se presenta en FITUR la nueva edición de Excelencia Almería. Esa guía de restaurantes y hoteles que es más que una guía de restaurantes y hoteles. Es una alacena y un mapa del tesoro. Un canasto de regaliz cuando tienes antojo de regaliz. Una cama con sábanas de algodón a estrenar un viernes por la noche. Y, sobre todo, un libro que no tiene wifi porque no le apetece. Así de claro. Si tú eres una persona de datos porque te gusta parecer interesante y siempre que sueltas un nombre lo acompañas con el primer apellido, eres de los míos. Así que te diré que la portada es del fotógrafo José María Mellado, el diseño de Charo González y Manu Muñoz, la dirección de Kiko González y Miguel Ángel Muriana y el prólogo de un servidor. Un servidor con barba que siempre quiso dedicarse a poner y quitar estrellas michelín en restaurantes donde uno pasa tensión catando el vino junto al sumiller (sommelier). Estará a la venta a partir del lunes. Si queréis más información, hacedme un llamacuelga.

jueves, enero 19, 2012

Philip Roth y el Real Madrid-Barcelona



Me vais a perdonar la pedantería. O no. Pero a mí los Real Madrid–Barcelona me recuerdan a las novelas de Philip Roth. Son buenísimas y tal. Lo que pasa es que algunas se parecen tanto entre sí que ya se me han enredado en la memoria. Y que conste que no me quejo. Que Philip Roth es un crack y si tiene que repetir, pues repite lo bueno: un viejo que se folla a tías más jóvenes que él y, además, tiene tiempo de tratar la política norteamericana, la hipocresía tontaina, la próstata castigada, la sociedad circundante, la cultura académica y la comprensión de uno mismo. Y así en un puñado de buenas novelas en formato bolsillo y tapa dura. De modo que, en un par de semanas, me volverá a pasar. No sabré cuál fue ese clásico en el que a Pepe se le fue la perola, Mourinho la cagó, Guardiola lució su buenismo, al Madrid no se le levantó, el Barcelona salió desnortado al césped y yo bostecé de tanto como me sonaba la función. Todo enredado en la memoria. Mi madre, pongan la película que pongan en la tele, siempre me dice: quita esa que ya la he visto. Ayer lo dijo cuando vio que el Barcelona marcaba el segundo. Cambié de canal, claro.

miércoles, enero 18, 2012

Hipstamatic - El juego

Lo despertó en mitad de la noche y le preguntó la hora exacta. Era un juego estúpido que siempre consistía en lo mismo. Ella lo despertaba y le pedía que adivinara algo. Entonces, él decía una cifra, un color, una idea o una fecha, y minutos después ya estaban durmiendo de nuevo. Le aproximó su boca a la nuca y preguntó en voz baja si era capaz de decir la hora exacta. No te gires, no mires el despertador, no te lo pienses mucho. Él no tenía ni idea de por qué hacía eso. Al principio, cuando empezaron a dormir juntos con cierta regularidad, curioseó un par de veces y sacó el tema, pero ella se hacía la despistada o, sencillamente, le restaba importancia con alguna burla. Esa noche, como tantas otras noches, al sentir que una pregunta volvía a cosquillearle en la nuca, permaneció con los ojos cerrados y buscó una respuesta al azar. Se había acostumbrado a no acertar nunca, así que dejaba escapar la respuesta como una burbuja, sin apenas mover los labios, para que ella, en cuanto la escuchara, se abrazara a él hasta caer en el sueño. Llegó a preguntar por la edad a la que le vino la menstruación, la nota de selectividad, los puntos de su única cicatriz, el sabor que le había venido a la boca, el dinero que había dejado sobre la mesa o la palabra en la que estaba pensando en ese momento, por poner algunos ejemplos. No te gires, no mires el despertador, no te lo pienses mucho. Y él contestó que eran las cinco y dos de la madrugada. Jamás habría sospechado que su respuesta iría seguida de una nueva pregunta. ¿Estás seguro? Porque  los juegos estúpidos flotan en la misma charca que los mínimos desastres; esos que crujen sin escándalos ni grandes hemorragias.  Sí, digo que son las cinco y dos. Entonces ya no hay vuelta atrás. Porque las reglas de los juegos están para que sean asumidas y cumplidas. Por muy gilipollas y poético que sea el invento. Y si coincide la respuesta con la hora que el despertador escupe sobre la mesilla, coincide. Y si se determinó que esa coincidencia, en su ridícula simbología de juego poético, iba a significar que él ya no la quiere, pues no la quiere. Así que ella le hizo la última pregunta. ¿Es que ya no me quieres? Y él le contestó.

domingo, mayo 29, 2011

Hipstamatic - Indignado

Soy uno más de los indignados. Que es la forma cortesana de exclamar y exclamar que estoy hasta los huevos. Imagino que como muchos de los que leerán estas cuatrocientas palabras después de haberse topado, hoy mismo, con alguna noticia que les estruje el alma. Estoy cansado de un sistema político y económico que, de una forma desvergonzada y mísera, quiere adoptar la apariencia natural de un campo de trigo o de una mantis religiosa. Una voz en off parece canturrearnos: lo siento mucho, la vida es así y no la he inventado yo. Cantinela que entra a ras de piel y a contrapelo. Estoy harto de que el lloriqueo y el chantaje de los banqueros tengan más efectividad que el desahucio de los desprotegidos. Los bonus, los sueldos vitalicios, los viajes en primera, la limosna del fariseo, la factura del almuerzo con el CIF, por favor, la tarifa plana de la blackberry y la nómina de los asesores me traen tales desajustes hormonales que veremos a ver por dónde escapo. Detesto que el gobierno no haya tenido la valentía de ponerle los cascabeles al gato y, en consecuencia, que quienes menos teníamos hayamos pagado los despropósitos de la opulencia. Detesto que la oposición haya gestionado la crisis con un claro fin electoralista sin que se le conozca cuál es su receta milagrosa –aunque ya me hago una idea-. Y detesto, cómo no, que esta ley electoral les refresque el hocico a los partidos mayoritarios cuando más aprieta el calor. Me avergüenzo de gran parte de la clase política. No me puedo sentir representado por candidatos que han pisado la cárcel o están imputados y son jaleados, además, por sus respectivos líderes; no por quienes robustecen la voluntad de perpetuarse en el cargo; no por quienes han sido rechazados una y otra vez en las urnas y se resisten a dejar paso a otras ideas y otros nombres; no por quienes han traicionado sus principios en pos de un patrimonio escandaloso y de difícil justificación ética. Si el sistema no tiene problemas en acogerlos, el sistema es una chapuza de consecuencias dolorosas, y no quiero tener más opción que oponerme a él. Hace apenas año y medio se hablaba de la refundación de capitalismo y, como era de esperar, han acabado por fundirnos el alma al compás altruista del FMI, del BCE y de las todopoderosas élites económicas que, excéntricas ellas, son felices en su particular Club Bilderberg. Soy uno más de los indignados y quiero que lo sepan.

HIPSTAMATIC - Indignado (outraged)

I am one of those “indignados”. This is nothing more than a courteous way of exclaiming and exclaiming that I am fucked off. I guess like many of those who read these four hundred words today, after feeling their souls crushed by some piece of news that they have been faced with. I am tired of an economic and political system which bewilders us with the natural appearance of a wheat field or a praying mantis, in a shameless and despicable manner. A voice-over seems to be humming to us that song that goes: I am truly sorry, that is the way life is and I did not make it up. That ditty penetrates your skin like a close shave against the grain. I am sick and tired of seeing how the weeping and blackmailing by bankers becomes more effective than the eviction of the unprotected. The bonuses, the salaries for life, first class journeys, the alms of the Pharisee, the lunch bill on the company expense account, please, the Blackberry flat rate and the advisors’ payroll is bringing me such hormonal disorder that I don’t even know how I am going to get away with this. I detest the fact that the government has not been brave enough to bell the cat, and consequently, the nonsense of opulence has had to be paid by those who have the least. I detest the fact that the opposition has been handling the crisis keeping their eye on the polls and not revealing their magic formula – though I get the idea-. And I of course detest that this electoral law refreshes the snout of major parties when the heat becomes unbearable. I am ashamed of most of the politicians. I cannot feel represented by candidates who had a foot in jail, or by those who have been accused and are cheered by their leaders; nor by those who strengthen their will to perpetuate themselves into their position; nor by those who have been rejected once and again in the polls and refuse to set aside in favour of new ideas and new names; nor by those who have betrayed their principles for an outrageous patrimony, of difficult ethical justification. If the system shows no objections to hosting them, the system is nothing but a botched job of painful consequences, and I want no other option but that of going against it. No more than a year and a half ago, people were speaking of refounding capitalism and, as it was expected, they have ended up founding our souls to the altruistic beat of the IMF, the ECB and the almighty economic elites that, eccentric as they are, feel blissful in their particular Bilderberg Club. I am one of those “indignados” and I just wanted you to know.

[Traducción de Loreto Barranco]

miércoles, abril 27, 2011

Hipstamatic - La inteligencia

Imagino que lo habréis leído ya. El servicio de inteligencia norteamericano desarrolló una sofisticada técnica para detectar miembros de Al Qaeda. Una especie de sónar antiterrorista cuya extremada simplicidad no estaba reñida con su contrastada eficacia. La cosa es más o menos así: que eres musulmán y llevas un reloj Casio de los baratujos, tú a mí no me engañas, tunante, que lo que quieres es poner bombas. Y, a decir verdad, el procedimiento de diagnóstico debía de ser infalible, porque más de medio centenar de los secuestrados en Guantánamo lucía un Casio F91W o A159W en el momento de su detención.

El protocolo de actuación estaba claro. Se aproximaban al sospechoso. Lentamente. En plan persona lista. Perdone, ¿me dice la hora? Y zas, el costurero le tomaba las medidas para el pijama naranja. Bueno, bonito y barato. El reloj –catorce euros- y el método. Las dos cosas. Una especie de equilibrio poético entre justicieros y malhechores que ha quedado inmortalizado por la viva, tensa y apretadita prosa de los documentos secretos norteamericanos.

La noticia parece preguntarte que cómo se te queda el cuerpo. Y yo, que soy de emoción desbocada, no he podido reprimir el escalofrío. Creo que mi sistema nervioso aún no sabe descodificar con cierta soltura información de esta naturaleza. Porque, en el momento de reaccionar, duda entre una risotada convulsiva y una especie de llanto tan triste para los ojos como áspero para la garganta. O lo que es parecido: mi desconcierto oscila entre la frivolidad defensiva y la pena contante y sonante. Lo del reloj no deja de ser una desnortada excentricidad que demuestra que la estupidez y la soberbia son las peores de las tumoraciones, y entre sus consecuencias estará, sin duda alguna, la vergüenza. Lo estamos comprobando: vejaciones a los presos en nombre de la seguridad nacional y del miedo, desamparo legal casi absoluto –sólo siete de los presos han sido juzgados y condenados después de casi diez años-, además de reclusión de enfermos mentales, ancianos con demencia senil y más de un centenar de personas inocentes o que no suponían ningún riesgo para EE.UU. y sus aliados.

La publicación de estos documentos hace carne el más horrible de nuestros miedos. El desvarío es infinito. La inteligencia es de trazo grueso. La chapuza ya es un arte noble. La petulancia nos va a salir por la culata. Nuestra indiferencia puede llegar a ser blanda y gorda. Y, lo queramos o no, estas miserias morales huelen a mierda.

miércoles, abril 13, 2011

Hipstamatic - El candidato

Se te ve agotado. Cansadísimo. Y tú me lo vas a negar. Las personas agotadas, en un primer momento, no aceptan su desaliento. Eso es de primero de psicología. Pero alguien tendrá que decirte que esa lentitud en el parpadeo te delata. También la falta de armonía que habitualmente hay entre tu indumentaria y ese perfume herbáceo, húmedo, casi de reptil. Es como si entre una cosa y otra hubiera una grieta abisal, un cuarto de las ratas. Además, cuando hablas, escupes. Y no es agradable, créeme. Desde hace un tiempo, tienes facilidad para que las palabras huelan mal. Bueno, no es exactamente eso. Es como si al pronunciarlas las sometieras a una trepanación. Las dejas inservibles, exhaustas, quietas como cadáveres. Y si no es así, explícame qué querías decir la ultima vez que  gritaste confianza, igualdad, compromiso, respeto y austeridad.  Determinadas palabras, blandidas desde según qué lugares y por según qué personas, suenan a carcajada espasmódica. Y ése, quizá, sea tu caso. Además de una pena, claro. Por favor, mírate los colmillos. Esculpidos, salvajes, heridos por el sueño y la nicotina. Dicen que están huecos porque tienen que estarlo: así inoculan puro vacío. Lo más difícil es determinar en qué momento, cuál fue el gesto o qué decisión tomaste para desencadenar ese cansancio que ahora erosiona tu escaso brío. Y todo parece indicar que llegó con la lentitud propia de los fenómenos naturales. Igual que se resuelve de cabeza un problema matemático. Del mismo modo que uno escribe su nombre y lo pronuncia incontables veces a lo largo de una vida. Y eso, aunque te parezca mentira, también me trae agotamiento a mí. Ya no es una cuestión de que no crea ni en tus respuestas y ni en tus soluciones. Es algo previo: no creo ni en tus preguntas ni en tus problemas. Se te ve agotado y tristísimo en mitad de la arena. Te he observado en la foto –casi siempre es la misma-, y te entregas, sonriente, al abrazo de unas ojeras como las tuyas, de unos hombros idénticos a los tuyos, de un aliento que podría confundirse con el tuyo. Juegan en mi mismo equipo, te dices. Los abrazas una vez más. Y vuelves a sonreír. Foto. No me vengas con que las encuestas están de tu parte. Has perdido tantas veces aquí que ganar puede ser la peor de tus derrotas. Hazme caso: date un respiro. Ya te has hecho con el descrédito del eterno candidato. Es suficiente.

miércoles, abril 06, 2011

Hipstamatic - Pandemia

Pienso que las catástrofes nos traen palabras en un cesto de mimbre. Tras el manotazo de cualquier desgracia importante, las palabras comienzan a burbujear hasta alcanzar la superficie. Vuelven a la vida, buscan ser pronunciadas y escritas, desarrollan masa muscular, se desplazan con celeridad y propician la pandemia. Su comportamiento no anda muy alejado del que despliega una voraz plaga de langostas. Cuando vienes a darte cuenta, ya es tarde, ya están sus ojos dentro de tus ojos.
     Lo que digo es que, antes de que dos aviones hicieran añicos las Torres Gemelas, a mí el nombre de Osama Bin Laden, de haberlo escuchado, me habría sugerido un cóctel en el piano bar de un crucero. Y eso que ya era el hombre más buscado por los servicios de inteligencia norteamericanos. Lo que digo es que, después de que el Prestige dejará escapar unos pequeños hilitos de petróleo (Rajoy dixit), a mí la palabra chapapote (del náhuatl), durante unos días, me pareció una broma de Gomaespuma. Lo que digo es que yo reconozco que no tenía ni puta idea de lo que era un tsunami antes de que un vómito de mar arrasara Indonesia en el año 2004. Y ahora no hay terremoto que no nos haga alzar la mirada al horizonte. Lo que digo es que me pregunto. Y lo que me pregunto es cuál será la palabra que nos deje el chirriar de dientes de Japón. Y ahí vuelvo a decir que, según el sondeo que me he realizado a mí mismo, quizá ande en un punto intermedio entre Fukushima y la fusión del núcleo. Más o menos, que no es algo científico.
     Pienso, además, que las alegrías también traen palabras en un cesto de mimbre. Que el júbilo es un gran dispensador de palabras renovadas. Pero, tal vez, no les damos la misma relevancia que a las que nos endosa el catastrofismo. Si te fijas bien, están ahí. Son más de chisporrotear que de magullar. Les va bien tanto el satén como la lentejuela. Prefieren la minúscula y los puntos suspensivos. Y, atento, escucha lo que dicen: su pronunciación reduce el riesgo de caries. Yo tiro de memoria y me vienen algunas. Iphone, vuvuzela, hipstamatic, clembuterol, massagué, iniestazo y me-gusta. Tú tendrás algunas más en la punta de la lengua. Dímelas. No me seas de los que aseguran que España está al borde del abismo. Qué flato, oye.

miércoles, marzo 30, 2011

Hipstamatic - Despertar

Ella desconocía el verdadero alcance de aquel despertar. Era muy temprano, había dejado de llover, apenas hacía frío y en la cama se estaba bien. Si hubiera aguantado la respiración, habría escuchado las voces que se pierden por las cañerías y el dinero que sus vecinos han decidido ahorrar poniendo lavadoras sobrecargadas. Si hubiera cerrado los ojos, no habría tardado en volverse a dormir. Pero aquella mañana, abandonó la cama y su cuerpo no presagiaba dolor, euforia o tristeza. Nada. No intuía que la casualidad pudiera haber crujido o resbalado no muy lejos de donde ella caminaba descalza. Miró el reloj y no tuvo la sensación de que perdiera el tiempo. Estuvo frente al espejo y no reparó en el difícil desorden de su pelo. Encendió la luz de la cocina y  ni siquiera se extrañó de que esa mañana obedeciera sin parpadear. Otras veces, es verdad, había despertado con la mandíbula demasiado apretada y la certeza de que todo iría tan mal que lo mejor sería empezar cuanto antes. Pero en esta ocasión simplemente era temprano, había dejado de llover, apenas hacía frío y en la cama se estaba bien. No había más. No parecía existir un mensaje cifrado en los primeros bostezos del día. Quizá, ahora, visto desde aquí, uno puede pensar que un desayuno, en una mañana así, tiene que saber forzosamente distinto. O que la ropa, más que abrigar, tiende a desmoronarse sobre el cuerpo. O que, cuando llega la primera sacudida, es la voz la que hace temblar el suelo y no a la inversa. Pero lo cierto es que aquel despertar no fue muy generoso en revelaciones y las cosas sucedieron de la misma manera que deciden trabajar un hígado o un párpado. Casi de forma intuitiva. De modo que está de más cualquier consideración que se pueda escribir a posteriori. Así queda: hizo esto y sintió esto otro. Despertó temprano, subió las persianas de la terraza, desayunó lo de siempre, metió algo de ropa en el armario, se duchó con cierta dedicación e imaginó con claridad la vestimenta de ese día. Eso fue todo. No descifró en la mañana, a pesar de que ella sabe que estas cosas ocurren, la avalancha de nieve, el colapso de una arteria o el agotamiento del nadador. Estaba muy quieta cuando sonó el teléfono.

viernes, marzo 25, 2011

Vaya tela


He perdido la cuenta de las veces que he visto en acción a Céspedes y Calavera. Me gusta ese humor almeriense, socarrón, hondo, de rotonda y biblioteca, que se abre paso a cuchillazos, irreverente, de vocales abiertas, pornográfico y santurrón, maximalista, etílico, revisionista, intelectualoide, con notas a pie de página y bibliografía, curativo, psicofónico, mediterráneo, de qué me comentas, eugenista, pro parques verdes y bicicletitas, publicitario, fan de niñas de La Salle versus Compañía María, poético hasta la sobredosis de primperán, alicaído, taciturno, cabizbajo, costumbrista, desternillante, locuelo, sandunguero, autodestructivo, negro, rojo, rosa, municipal y transoceánico. De modo que compartir un estudio de radio con ellos fue, sencillamente, la repolla. Muchísimas gracias por contar conmigo. Mucha suerte.