domingo, diciembre 10, 2006

La fiesta de los libros

FIL 06

He visitado la 20ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL 06), e imagino que pertenezco, por tanto, a esa “lista de gorrones” a la que el señor Javier Arenas aludía la semana pasada. Creo que aseguró, palabras textuales, que “acabaría con los gorrones” sí era elegido presidente de la comunidad andaluza. La expresión suena algo grandilocuente, más propia de un sheriff entre rejas que de un político vencido, pero es que así es él y a estas alturas poco me sorprende.
Siempre que escucho opiniones de las que me siento rotundamente alejado, procuro adoptar una nueva perspectiva, intentar comprender cómo se llega a ese posicionamiento, no quedarme en una respuesta que pueda tener más pulsión que peso atómico. Les doy mi palabra de que, a mi vuelta de Guadalajara, lo he intentado como en otras ocasiones, pero los resultados han sido mínimos. No he encontrado razones que no sean mezquinas para justificar las palabras de Javier Arenas: “pediré cuentas de los gastos, los costes y la lista de gorrones” a la Junta de Andalucía. Sobre todo porque uno puede llegar a pensar que no siempre pide esas cuentas cuando se trata de ferias inmobiliarias o agrícolas, o no se las pide a quienes debe y, claro, luego ocurren cosas: que a uno le crecen los enanos en su propia casa. Pero como no quiero mezclar churras con merinas, les contaré algunas cosas que yo vi y viví durante mi estancia en Guadalajara. Y así, con las desventuras de alguien que estuvo allí y con los juicios de otro que rechazó viajar con la cultura andaluza, quizá puedan conformarse una opinión más poliédrica y completa sobre el asunto.

Programación andaluza

Para que se hagan una idea: imaginen cualquier palacio de congresos de una gran ciudad en el que los libros se han extendido como una especie de plasma balsámico y ahora lo domina todo y el edificio ha empezado a respirar con pulmones nuevos. Los asistentes se arremolinan ante los stands de las editoriales y mientras caminas por los pasillos se puede observar cómo algunos se detienen, extienden en el mismo suelo un mapa de aquel lugar y marcan con una equis las editoriales visitadas hasta el momento.
Cuando uno atraviesa las puertas de aquel enorme palacio de congresos, la primera sensación que se tiene es que allí se está llevando a cabo una fiesta, una especie de ceremonia en la que personas de todas las edades se muestran abiertamente partícipes, cómplices de aquella reunión en torno a libros, anaqueles, cafés literarios, globos, música, representaciones, conferencias, recitales y descubrimientos editoriales. Algo, tristemente, poco probable a este lado del Atlántico, donde no es el libro, donde no es la cultura, por desgracia, un elemento capaz de articular tal número de ciudadanos.
Uno de los hechos que más ha llamado mi atención ha sido la palpable presencia de adolescentes durante los cuatro días que visité la Feria. Era posible ver a jóvenes paseando con sospechosa tranquilidad entre los anaqueles del Fondo de Cultura Económica, Porrúa o Aral, hojeando libros, preguntando por el precio de tal o cual volumen o desplazándose a toda velocidad por los pasillos, con el mapa de ubicación en ristre. Llenaban las conferencias y los recitales, y casi todos los que participamos allí mostramos nuestra sorpresa ante tal avalancha de adolescentes, que parecían conspirar con los ojos muy abiertos, muy quietos, contra todo lo que escuchaban.
Para sorpresa de los que veníamos de este lado del mundo, las conferencias y los recitales de autores andaluces colgaron en multitud de ocasiones el cartel de “cupo lleno” y los asistentes que se habían quedado fuera podían seguir las intervenciones a través de pantallas dispuestas en los aledaños de las salas. La programación literaria andaluza no tardó en conectarse a los ciudadanos mexicanos que tomaron aquel lugar como un espacio de encuentro, de hermanamiento cultural, de acogida jubilosa. Y así nos lo hicieron ver en todo momento.
No quiero entrar en la hipnosis de las cifras, en la resaca que deja la inversión y los beneficios. Prefiero quedarme con la posibilidad que se le ha brindado a Andalucía de mostrar esta vez su vertiente creadora, y el éxito del proyecto. Por una vez no ha sido la Andalucía del despropósito urbanístico, de la agricultura intensiva, del alcalde expedientado y expulsado, del escándalo y la corrupción. Esta vez le tocaba a la cultura y, a mi juicio, ha sabido estar a la altura de las expectativas. La organización no ha tardado en tildar la Feria de este año como la mejor desde sus inicios.
Que el señor Javier Arenas nos llame gorrones a los que viajamos a Guadalajara, me parece un acto ruin y despreciable. Cobarde también, porque posiblemente acabe desdiciéndose o asegurando que sacaron sus palabras de contexto Pero, sinceramente, no me sorprenden lo más mínimo las palabras de alguien que no ha mostrado sensibilidad alguna por la cultura, de alguien que estará posiblemente acostumbrado a tener chófer, suculentas dietas pagadas, vuelos en bussines por la patilla y hoteles de postín pagados con el bancohotel del protocolo. La participación de Andalucía en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara ha sido todo un éxito. A pesar, como de costumbre, del Partido Popular.

Juan Manuel Gil

7 comentarios:

bisuria dijo...

Pues sí.

Perseo dijo...

La literatura, después de todo, siempre será un éxito; mayor o menor, pero siempre un éxito..., incluso a pesar de nosotros mismos.
Por otro lado, tengo algo de miedo a caer en el tópico pueblerino de que lo de fuera es mejor que lo de aquí. ¿Hemos probado a poner en nuestra tierra y a disposición de la magia literaria tropecientos metros cuadrados, promociones dignas del mejor de los triunfitos y el soporte de la tecnología? ¿Nos hemos esforzados por que nuestros púberes encuentren exactamente lo que buscan en un libro, detrás de una hoja maldita, o tras una cubierta ripiosa? A lo mejor al final acabamos descubriendo que la literatura merece la pena..., incluso a pesar de nosotros mismos.

srcurri dijo...

Bueno, no hay que dar demasiada importancia a lo que dice este hombre sobre la cultura, yo, al menos no se la doy.
Lo inquietante es que podría ser del partido socialista y entonces su discurso sería el contrario, esta vez.

La crisis de valores... el fin del mundo está cerca!

Manuel dijo...

Leyendo tus referencias a Javier Arenas que aunque no me llega a dar grima como te ocurre a ti con Acebes, evidentemente no es santo de mi devoción porque él y los suyos viven en otro mundo pasado, oscuro y menos libre: una especie de caverna donde no llega la luz y la razón se abre paso con dificultad, se me ocurre también evidentemente que (¡hombre!) no se referiría a ti ni a ninguno de los escritores de la delegación andaluza cuando hablaba de gorrones.

Lo que quiero decir es que (y como dicen los ingleses, 'no offense intended'), adoptas una postura un tanto maniquea. Muy a pesar de Ratzinger, el relativismo existe y en la mayoría de las cuestiones nada es tan blanco ni tan negro, o ni tan rojo ni tan azul, como pueda parecer. Hasta en las cavernas sin luz hay zonas grises. De esto el que sabe mucho es José Manuel, el de Religión(no de cavernas, sino de relativismo teológico). Y hasta Arenas puede tener su punto de razón, no en el adjetivo utilizado, pero sí en que seguramente sobraron muchos invitados en la FIL y se gastó más dinero del que se debía haber gastado, a mi costa, sin ir más lejos. Ni siquiera la posible gran experiencia de Arenas y otros con el "bancohotel protocolario" que dices hace buena la experiencia de algunos otros que poco tenían que hacer en Guadalajara además de turismo.

En pocas palabras: difusión de la cultura andaluza con escritores como tú, intelectuales, editores, etc. sí. Turistas de ocasión a mi cargo, no.

Aparte, enhorabuena por la buena acogida a la poesía joven andaluza, que es de lo que se trataba, al fin y al cabo.

Fan de Cabellera dijo...

Como ha comentado un compañero, de cuya amistad tú y yo participamos, es comprensible que escritores andaluces que no han sido invitados a la FIL se sientan molestos. No es aceptable, sin embargo, la postura de los políticos que aprovechan cualquier circunstancia en benefico propio. Es el caso del dicharachero andaluz, proclive a la utilización del gracejo para conseguir votos. No prestemos atención a palabras necias.
Muchos nos hemos sentido representados dignamente en Guadalajara y hemos experimentado sana envidia de vosotros. Envidia que despierta también la afluencia de jóvenes al reclamo del libro y de la literatura en quienes tenemos alguna responsabilidad en la educación literaria de nuestros adolescentes. Nos gustaría verlos con un libro bajo el brazo mejor que con el móvil colgado de cintas llamativas.
Un mundo sin libros, sin literatura, es un mundo vacío, huero.

LunA dijo...

qué mal rollo me da todo eso.

kiss kiss.

nos vemos pronto.

antonio dijo...

Muy correcto tu canto de escritor invitado y herido por Arenas (movedizas), pero sospecho que los ogros del PP no se referían a vosotros, sino al contingente de más de doscientos funcionarios que viajaron a Guadalajara en un número, estarás de acuerdo conmigo, excesivo.