miércoles, febrero 15, 2012

Hipstamatic - La sentencia



Estas palabras no nacen del fuego de los acontecimientos. No son expulsadas desde el espasmo, la rabia, la ofuscación o la ceguera que conllevan algunas emociones. Estas palabras nacen de la reflexión que ofrecen el tiempo y la lectura tranquila, la confrontación de ideas con los amigos y la sedimentación –no la aniquilación- de las emociones más contundentes. Es decir, estas palabras no buscarán excusa en la alucinación de un corazón incendiado por la injusticia o cualquier cosa ñoña que se le parezca. No habrá atenuantes una vez puesto el punto final.

Esto es: Me da miedo el Tribunal Supremo. O parte de él. Me da pavor la impecable lección de venganza y tirria que ha sido capaz de concentrar en setenta páginas. Ahora sé lo que antes sospechaba: que esta institución tiene estómago y sufre de agrios reflujos ultraconservadores. Le deseo que el tiempo y la justicia popular y poética –la ordinaria se concentra en ella misma- le devuelvan la seca neutralidad que calcinó mientras se quitaba del camino a Baltasar Garzón y lo dilapidaba con once años como once sogas como once pares de zapatos de plomo. Y se lo deseo de corazón, porque no hay nada peor para un país que una justicia que se intuye desproporcionada y anticipada. Eso nos hace infinitamente frágiles. Así que pienso que esta sentencia es una mala astracanada que, lejos de hacer reír, provoca desconcierto, desamparo, indignación y una peligrosa orfandad judicial. Quienes están al frente de esta institución aseguran que el texto es impecable y que la honestidad de los jueces ha de estar fuera de toda duda. Pero esa parece una lectura tan inocentona y superficial que no me saca de la cabeza este pensamiento: la sentencia es la pieza clave de un puzzle decisivo. El que dibuja un ejemplar pellizco de nuestra corruptela política y sus aledaños: la absolución del dueto Francisco Camps y Ricardo Costa –y su previsible regreso a cualquier cargo público- por un tribunal popular dividido, la inminente petición de nulidad del caso Gürtel argumentando que Garzón cometió ilegalidades tal y como asegura el Tribunal Supremo y, por último, el noqueo de quien impulsó con determinación y responsabilidad la búsqueda de las víctimas del franquismo en cunetas, fosas comunes y demás sucedáneos de la vergüenza. Me pregunto si Fitch, Moody´s y Standard and Poor´s nos rebajarán la calificación de la deuda por ocurrencias como ésta. Me pregunto si es ahora cuando deberían rescatarnos de verdad, sacarnos del pozo de las parodias más dolorosas y enfrentarnos a nuestro propio reflejo deforme.