lunes, enero 30, 2012

Un oscuro asunto de cine y apuestas



Mi padre tiene un punto Clint Eastwood. Es efectivo con la mirada, sin embargo con el movimiento de brazos no alcanza la excelencia. Es verdad. Imagino que le iría bien un poncho como el que le calzaron en El bueno, el feo y el malo. Su expresión ganaría fuerza. Pero me temo que no se va a dejar, que es muy suyo. Ayer le dije que iba a ver la última de Clint. ¿Clint?, me preguntó. Tú eres tonto, añadió. Luego estuvimos hablando de las novelas del oeste que leía hace veinte años. Las llamó western y yo no me reí por si me soltaba un guata a la velocidad de la luz. Recuerdo que las guardaba bajo la almohada para que yo pudiera curiosearlas cuando él no estaba en casa. O eso imagino. Prácticamente todas las portadas eran amarillas solar y mi madre se las intercambiaba por otras que, en muchas ocasiones, ya había leído. Hoy me pasaré por casa para decirle que no me ha gustado la película. J. Edgar. Los personajes parecen a punto de derramarse de tanto maquillaje postnuclear, la historia quiere apretar pero sólo abarca y ese John Edgar Hoover está muy desaprovechado. Sé que él me dirá que es hora de que se atreva con un western de los humildes. Que piense lo que quiera. Lo bueno es que le pedí un pronóstico para el Málaga-Sevilla y acertó. Y como le tengo confianza, aposté veinte euros. Así que me he ganado unos cuarenta euros, sin contar la inversión.