miércoles, octubre 16, 2013

Hipstamatic - La curiosidad nos hace nómadas


Sostiene Alice Munro, la nueva y flamante Nobel de Literatura, que la felicidad más constante es la curiosidad. No sé qué pensáis vosotros sobre el asunto. A mí me parece una afirmación acertadísima. Creo que la curiosidad nunca comparte cama con el óxido, la rutina, el reuma, el conformismo o el cliché. No son de la misma especie. Se repelen. Quizá ni siquiera se conozcan entre ellos. La curiosidad es hospitalaria y, a la vez, nos hace nómadas, inquietos. Nos aleja de la vida crónica. No hay coordenadas para precisar hasta donde nos empuja la curiosidad. Y eso está bien. Muy bien. Sabrás de qué te hablo si has saltado de libro en libro o has pernoctado en alguno de ellos. Es ese mismo deseo que te condena a probar nuevas especias y viejos licores; a sembrar semillas desconocidas; a ver películas de las que todo el mundo habla; a visitar ciudades impronunciables; o a abrir las ventanas de par en par. La curiosidad se come con los dedos y está en todas partes. En el diccionario, tras las cerraduras, en los álbumes de fotos, bajo la ropa, dentro de los bolsillos, más allá de la lengua y al otro lado del espejo. Estés donde estés y mires donde mires, la curiosidad puede asomar y empezar a retorcerse como un gusano, como un signo de interrogación. ¿Y si no es lo que parece? ¿Debería entrar? ¿Quién grita? ¿Cómo termina todo esto? ¿Y si no tiene final? ¿Lo cambiará todo? ¿Seguirá la vida? Creo que lo que más me seduce de una persona es su curiosidad y la manera en que un día decidió saciarla, hacerla tangible. La curiosidad que llevó a Philip Roth a escribir más de treinta novelas. La curiosidad que empujó a Joan Massagué a darle de hostias al cáncer. La que lleva a Andrés Iniesta a pasar el balón y que parezca que también podría hacerlo yo. Y la que hace que mi madre invente una solución cuando la cosa parece no tenerla. Admiro profundamente la curiosidad de quienes nos enseñan, curan y ayudan. Que es la misma curiosidad de los poetas y los científicos; de los filósofos y los cocineros. La curiosidad que una vez nos hizo creer en la alquimia, en los dragones, en la eternidad, en Dulcinea del Toboso, en la Alianza de Civilizaciones, en la máquina del tiempo y en la teletransportación. La que ahora me acerca a Alice Munro. La que me lleva a escribir este artículo. La que te impulsa a leerlo o a dejarlo a la mitad. La curiosidad que, como una especie de hilo invisible, se tensa irremediablemente entre tú y yo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me dejas sin palabras y sin aliento!!!Majestuoso, perfecto, redondo. Creo que la palabra curiosidad y yo te estamos agradecidos y nos dejas apabullados y sorprendidos. Cuán ingenio. Qué bien hilvanado. Qué maestría en el dominio del lenguaje ;-)
La Maga

Anónimo dijo...

La curiosidad nos hace nómadas. Yo estoy tratando por todos los medios de dosificarte, como dosifico todo lo que me gusta hacer. Como me dosifico Breaking Bad, los libros que me gustan y las horas de facebook. Porque me conozco y se me van las horas muertas haciendo lo que me gusta, porque su fuerza es más poderosa. La fuerza de la curiosidad o de las endorfinas que segrego sin parar. Porque en esta vida uno no puedo hacer lo que quiere. Hay límites que uno no pone. Si por mi fuera me acostaría a las 5 de la mañana leyendo tu blog pero no, no puedo. Me ha parecido adecuado dejarlo en este post. Por eso de que la curiosidad nos hace nómadas. A mi me hace noctámbula. Y luego...amanece...y todo el mundo parece muy preocupado por cosas que a mi me parecen insustanciales, pero que son fundamentales. No para mí, claro. Pero no puedo escapar a sus garras.Así que por eso me dosifico. Para poner diques y no dejarme llevar. Para frenarme. Todo esto para decirte que te dosifico. Que espesa soy de noche.
La Maga ;-)

natalia manzano dijo...

Hay dos formas de reaccionar ante el mundo: con miedo y agresividad, cerrándonos, o con curiosidad y aceptación, abriéndonos. Como decía mi abuelo: "de agua corriente vive la gente". Estancarse crea gérmenes.

Yo soy nómada. La gente me mira con pena y condescendencia cuando me asomo con mi pequeña sonrisa labrada. Piensan que me va pasar algo malo. Pero mira, 33 años, 4 países y todavía estoy esperando ese golpe que me pare. Y nadie que yo conozca ha pisado todos los lugares en el momento exacto en el que lo he hecho yo, con las personas con las que lo he hecho yo, de la misma forma en la que lo he hecho yo. Sólo eso, ya vale la pena.

Descubrir, siempre. Gracias.

Francisca Fuster dijo...

Padezco curiosidad crónica en una vida sedentaria.

Francisca Fuster dijo...

Padezco curiosidad crónica en una vida sedentaria.